sábado, mayo 10, 2014

Adictos al social 3.0



Algoritmos marcan la senda entre los bits de ideas contaminadas por colores e imágenes saturadas de información.
Es el pequeño lapso de cordura entre un mensaje y otro, entre ideas coherentes y espacios sin sentido; somos como náufragos en la inmensidad del océano de  bits, de tecnología y redes digitales.
Tan solo una pequeña inmersión en el omnipresente mundo social media y los dispositivos que permiten tu acceso puede ser letal.
Ya para algunos no existen día sin conectividad; se terminaron los momentos de reflexión lejos de pantallas de cristal líquido, de leds luminiscentes llenos de color y radiación.
Los códigos y mensajes han adoptado nuevas formas, se agregan al cotidiano #ideas precedidas por signos que antes eran poco comunes. Hoy estamos, lo queramos o no, dentro de esta dinámica. Llevados por el oleaje incesante sin comprender del todo hacia dónde se dirige la barca.
Ya hay diagnósticos médicos al respecto; aumentan los signos de ansiedad, surgen nuevos nombres también para esas condiciones; se trata de viejas enfermedades mentales de sociópatas incomprendidos con máscaras nuevas llenas de moda, protagonismo y soledad disfrazada en el fracaso social.
Una de las redes más amplias, influyentes y poderosas, puede ser la muestra. Facebook con su estrategia ha logrado posicionarse y mantener un crecimiento constante. Se ha minimizado el riesgo de su uso irracional, pero en las esferas más pobres (intelectualmente hablando), esos decrépitos usuarios que viven ya en un entorno alejado del conocimiento, es donde los estragos son mayores.
Está demostrada la existencia de la brecha digital de segundo nivel, donde los círculos de usuarios se ven plagados de contenidos basura, sin sentido y que nada aportan a la construcción de nuevo conocimiento. Es un pasatiempo (o perde-tiempo) que los lleva a hundirse, aún más, en el lodo; en el fango virtual.
El uso de los dispositivos portátiles que en algunos lugares se les nombra elegantemente como dispositivos inteligentes, mantienen atrapados a usuarios idiotas que replican modas dignas de internos mentales en hospitales psiquiátricos.
Diferentes modalidades de autofotos o selfies, con estilos poco ortodoxos llevan a los otros usuarios a incrementar su morbo y seguir buscando identidad a través de estas prácticas poco sensatas. Extorsión, exhibición y delirio abundan aquí.
En esos mismos dispositivos la inteligencia se ve disminuida, o mutada en adicción; ya que aplicaciones como Whatsapp son usadas como sustitutos del dañino y desaparecido Messenger, con la novedad del uso económico del servicio de datos, esta aplicación se adueña de tus ideas y, de manera individual o a través de grupos temáticos, absorbe tu tiempo al incrementar el uso de tu dispositivo a toda hora en charlas interminables de poco o nulo contenido. Del mismo modo la posibilidad de saber si los demás te han leído o no; si te responden o no; si te dicen o no la verdad te lleva a discutir en la vida real con personas que dices estimar.
No es nueva la noticia de los efectos negativos de estos medios, pero debemos poner un alto, hacer una reflexión e identificar de qué modo han ido contaminando nuestro entorno social, familiar y laboral. Debemos hacer un alto en el camino y tomar de nuevo el control del acceso a estos espacios y dispositivos. Somos capaces de transformarnos en usuarios inteligentes que utilizan dispositivos quizá menos inteligentes.
Reflexiona, busca y construye mejores contenidos. Transforma las ideas en conocimiento y aprende a relacionarte en el mundo 3.0


Mayo, 2014.
RDS